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#LosAbogadosNO cercenan la Libertad de Expresión

El domingo 15 de enero la abogacía española reaccionó furibunda ante la publicación en el diario El Mundo de un artículo en primera plana firmado por el escritor, Hernán Casciari, que insultaba y denigraba a la abogacía bajo el título “El peor oficio del mundo”. La pieza, ubicada en la sección de opinión, era, en realidad un escrito de ficción de la Editorial Orsai, como luego se indicó.
Como tantos otros, esta Asociación expresó su molestia ante el profundo desconocimiento del autor sobre en qué consiste la profesión y, sobre todo, por la inoportuna publicación de este contenido por parte de El Mundo, que lo llevaba a portada la misma semana en que se celebra el aniversario del asesinato de los abogados de Atocha.
Horas después, la Presidenta del Consejo General de la Abogacía publicaba una carta abierta diciendo que si no llega a señalarse que el texto era de ficción el autor se habría ganado una demanda ante los Tribunales. A esta interpretación del CGAE se han sumado la mayoría de los Colegios de Abogados, numerosas asociaciones y colectivos profesionales, incluyendo algunas de jueces y fiscales. También se creó una petición en Change.org pidiendo a El Mundo que retire el artículo.
Incluso el Ministro de Justicia se ha solidarizado con nuestro gremio ante las descalificaciones tan inmerecidas. El mismo Ministro de Justicia que si valorara de verdad la abogacía, financiaría como corresponde el turno de oficio y dotaría de medios a la administración de justicia.
En ALA tenemos muy clara la diferencia entre expresar el disenso con el contenido de una noticia u opinión y exigir que se apliquen sanciones o se censure ante una opinión desagradable. Bajo ninguna circunstancia podemos secundar que se sancione al medio o al escritor.
La libertad de expresión ampara expresamente la posibilidad de verter opiniones que contraríen, desagraden y hasta repugnen a otras personas, incluidas nosotras mismas. El agraviado cuenta con el derecho de réplica que ya fue masivamente consumado en el día de ayer. Tanta libertad tiene el escritor de opinar sobre la abogacía como nosotras de opinar sobre su acto de provocación.
PromoSpeechEl enfrentamiento dialéctico debe nutrir el debate, no extinguirlo. Por este motivo, la amenaza del CGAE que vaticina la intervención de la policía o los tribunales nos parece un recurso peligroso e incongruente. Peligroso porque nos ha tocado vivir tiempos de extrema censura a la opinión y al humor en redes sociales. E incongruente, porque la abogacía comprometida debe conocer que el derecho penal es la ultima ratio y la mediación es la forma adecuada de resolución de conflictos.
Por último, es un poco doloroso comprobar cómo un simple artículo en un periódico ha logrado unir en pocas horas a todos los actores de la administración de justicia: abogacía, Ministerio, asociaciones de jueces y fiscales. Ni las tasas judiciales que frenaban el acceso a la Justicia a las ciudadanas más pobres, ni las modificaciones del código penal y las encarcelaciones masivas amparadas en un uso extensivo del concepto terrorismo, ni la enésima reforma laboral o el impago reiterado del Turno de Oficio han conseguido tanta unidad como los cuatro dardos bien dirigidos al orgullo gremial del mencionado texto.
Queremos terminar esta reflexión sobre la Libertad agradeciendo el trabajo de quienes la defienden a diario: la abogacía comprometida, la abogacía necesaria, esa que está siempre presente. Vaya si lo está.
Está presente, especialmente, desde hace cuarenta años, cuando cinco compañeros fueron masacrados en la calle Atocha por defender los derechos laborales y sindicales de una transición a la democracia amedrentada por el ruido de los sables.
Está presente cuando nuestras compañeras son llamadas terroristas, violentas o criminales por defender que toda persona tiene derecho a un juicio justo sin importar su raza, credo, género, religión o ideología o los hechos que haya cometido.
Está presente en todas esas compañeras que pelearon en los tribunales hace años que la drogadicción no era un pecado o la pusilánime falta de voluntad de un maleante, sino una enfermedad.
Está presente cuando abogadas defienden el derecho a la vivienda por encima del interés especulativo de la banca o acuden a Europa para obtener una justicia que aquí nos niegan administración y juzgados.
Está presente cuando asistimos y defendemos a las afectadas por la reforma laboral, a las menores extranjeras no acompañadas, a mujeres atacadas o a las familiares de los asesinados en el Tarajal.
Somos abogadas pero, ante todo, somos defensoras de las libertades públicas, independientemente de quienes las ejerzan. Si no puedes defender tus derechos, es como si no los tuvieras.
La Junta Directiva de ALA.
 

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