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ABOGADA o ABOGADO / LETRADA o LETRADO

Hace pocos días tuve guardia del Turno de Violencia de Género, y tras una larga espera en el pasillo -hasta ser llamada por el funcionario para asistir a mi clienta- escuché una voz que decía: “SR. LETRADO, SR. LETRADO”, pero ninguna de las personas allí presentes nos dimos por aludidas, pues no había en aquél pasillo, al parecer, ningún «señor letrado». Transcurridos cinco minutos, noté como una mano me tocaba el hombro suavemente, y me decía: “SR. LETRADO, LE ESTOY LLAMANDO A UD.”… Fue tal mi asombro, que le dije: “¿Pero tengo yo cara o pinta de hombre?” El funcionario me contestó que él siempre se dirigía así a LOS ABOGADOS, A TODOS.
15-03-31 Victoria KentEn las comisarías de Policía, en los Juzgados, en los organismos oficiales, cuando hay que rellenar un formulario o existe un escrito estereotipado, siempre se utiliza el término “abogado” o “letrado”, salvo que expresamente se haga constar “escriba Ud. por favor ABOGADA”, contestando quien escribe la no existencia de dicha “palabreja” en su ordenador. Parece ser que las abogadas no existimos en los papeles…
Todo ello a pesar de que, en enero de 1925, se dio de alta como abogada ejerciente en el Colegio de Abogados de Madrid Victoria Kent, la primera mujer colegiada, y aunque no tenía demasiado interés en ejercer la profesión ante los tribunales, no tardó en tener su primera intervención como abogada defensora. Se hizo famosa en 1930 defendiendo ante el Tribunal Supremo de Guerra y Marina a Álvaro de Albornoz, miembro del Comité Revolucionario Republicano, detenido y procesado junto con los que después formaron el Gobierno provisional de la República. Fue la primera mujer en intervenir ante un consejo de guerra en España, consiguiendo la absolución de su defendido.
Llevo muchísimos años ejerciendo y, desde que me colegié, he dicho que soy ABOGADA, puesto que soy mujer y la acepción está permitida por la Real Academia de la Lengua. Así, la escritora María Ángeles Sastre nos dice sobre este tema que,
En el caso de «abogada», el Diccionario académico registra «abogado, da»; por tanto,  habría que decir «la abogada» y no «la abogado». Sin embargo, en una nota dice que se usa la forma en masculino para designar el femenino. Según esta nota del diccionario, muchos hablantes podrían interpretar que «la abogado» no sería una forma incorrecta para designar a la mujer con la acepción señalada más arriba. Pero la recomendación de la RAE es clara en el Diccionario panhispánico de dudas (2005): «No debe emplearse el masculino para referirse a una mujer: ‘la abogado’».
Algunos compañeros/as se extrañan de esta reivindicación que mantenemos muchas abogadas, si bien la Justicia es una de las Instituciones en la que más mujeres trabajamos. A pesar de ello, sigue pareciendo extraño, en algunos círculos, que se nos nombre en femenino. ¿Nos podemos imaginar el caso al contrario? ¿Nos podemos imaginar cómo se sentirían nuestros colegas masculinos si les llamaran “letrada Dña.… Manuel…”? ¿A que es extraño? Pues igual de raro es que a nosotras, mujeres, se nos nombre como Sr. D…. María…” y comience la discusión con el funcionario o funcionaria de turno.
De igual modo, existen mujeres que exhiben con orgullo en sus tarjetas de presentación el término “abogado”, o se presentan en un Procedimiento y extienden la mano para decir su nombre mientras dicen: “soy el abogado de …”. Y cuando se las interpela, argumentan que “ella es abogado”… Sin embargo, cuando yo las pregunto que si conocen “la Salve” (he de confesar que me crié en un colegio de monjas, ya que entonces había pocas opciones; soy algo “talludita”) y curiosamente, casi todas “ los abogados” se la saben, y les digo entonces: pues en ella se dice, “ea pues Sra. Abogada nuestra”. Y esto las hace cambiar de idea, y muchas de ellas incluso cambian su tarjeta de presentación.
Esta es una muestra más del camino que tenemos que hacer diariamente para que no se deje atrás todo lo que hemos conseguido. Ya tenemos en el Colegio de Abogados (no se denomina “y abogadas”) una Decana que se dice Abogada. No nos quedemos atrás, continuemos ganando terreno y reivindiquemos que en las comisarías y juzgados existan impresos estereotipados con la acepción ABOGADA.
Contamos con el ejemplo del Consejo General de la Abogacía Española, que no se llama Consejo General de los Abogados españoles. ¿Por qué entonces un Ilustre Colegio de Abogados y no de Abogadas también?
Beatriz Monasterio Chicharro.
Área de la Mujer

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