El juez pone al narco Oubiña a cuidar a toxicómanos

Ó. LÓPEZ-FONSECA Madrid 29/12/2011

Uno de los mayores narcotráficantes gallegos, Laureano Oubiña, de 65 años, tiene ya un pie fuera de la cárcel, aunque, eso sí, con condiciones. La Audiencia Nacional hizo público ayer un auto en el que concede el tercer grado penitenciario al recluso y, con ello, la libertad condicional al haber cumplido ya más de tres cuartas partes de su condena. No obstante, fija como requisito imprescindible que el preso adopte como “regla de conducta” al salir a la calle la de colaborar con “una organización de asistencia a personas desfavorecidas o con un problema de drogodependencia”.

La orden judicial, que firma el juez José Luis Castro, se produce después de que Oubiña recurriese el pasado marzo la decisión de la Junta de Tratamiento de la cárcel de La Moraleja (Palencia) de negarle la progresión del segundo grado, en el que estaba clasificado, al tercer grado o régimen de semilibertad. El magistrado considera ahora que el narco ha seguido una evolución positiva en prisión, que no tiene “adicciones” ni “valores marginales o delincuenciales” y que fuera de la cárcel le espera una oferta de empleo “contrastada” y un entorno familiar “normalizado y vinculante” que le hacen merecedor de este beneficio penitenciario.

{{El auto destaca que el preso está dispuesto a “reparar el daño causado”}}

Además, el juez destaca que Laureano Oubiña “ha disfrutado de varios permisos de salida sin incidencia negativa”. De hecho, ayer concluyó uno de seis días de duración.

En el auto también se resalta que está a sólo seis meses de cumplir íntegramente su condena y que el recluso “ha asumido su responsabilidad sobre los hechos en tanto que reconoce el daño causado por los delitos cometidos y muestra su arrepentimiento por ello”.El juez destaca, por último, que el narco no ha puesto inconveniente “a fin de reparar el daño causado a la sociedad en colaborar en actividades dirigidas a la reinserción y rehabilitación social durante la clasificación en tercer grado y el periodo de libertad condicional”.

En este punto, el magistrado se pregunta qué pueden hacer “aquellos internos condenados por delitos contra la salud pública en los que más allá del cumplimiento de la condena la responsabilidad ante la sociedad se diluye al no existir víctimas concretas” a las que resarcir para lograr el buscado “efecto reparador”.

{{“Introspección personal”}}

El arrepentimiento no basta, según resalta la resolución judicial
La respuesta la da el propio auto, que recoge que el arrepentimiento no es suficiente y que es necesario un “plus”. Por ello, insta a la Junta de Tratamiento de la prisión a que busque “una organización, en función de las circunstancias personales, laborales y familiares del penado, que le permita al interno continuar con el proceso de introspección personal y de la asunción del daño que causa el tráfico de droga”. El objetivo, recoge el documento judicial, es que Oubiña asuma “el valor de pleno respeto a los derechos humanos de los demás (víctimas, familia y sociedad), siendo el de la salud consustancial a la propia realidad del hombre, máxime cuando la droga en general ha producido la muerte o trastornos a la salud de los consumidores y enormes perjuicios morales y económicos a las familias que les apoyan en la voluntad de abandonar el consumo”. Esta es la primera vez que una instancia judicial establece que los narcotraficantes deben reparar el daño causado a la sociedad por las drogas.

Mientras tanto, la prisión donde Oubiña está recluido aún no había recibido ayer la notificación oficial de la decisión judicial, según confirmaron fuentes penitenciarias, lo que puede demorar hasta la próxima reunión de la Junta de Tratamiento del centro, que se celebra el jueves que viene, la aplicación de la misma.